En 2025, Colombia enfrenta desafíos críticos relacionados con el agua debido al cambio climático, el crecimiento poblacional y la contaminación de fuentes hídricas. La escasez afecta tanto a las ciudades como a las zonas rurales, impactando la seguridad alimentaria y el acceso al agua potable.
La sequía prolongada ha llevado a racionamientos de agua en Bogotá, donde los embalses del páramo de Chingaza están en niveles alarmantemente bajos, poniendo en riesgo el suministro de agua.
Además, la deforestación y la minería ilegal agravan la calidad de los recursos hídricos, poniendo en riesgo a comunidades vulnerables.
Este panorama exige la implementación de políticas sostenibles, la protección de ecosistemas estratégicos como los páramos y una mayor conciencia ciudadana para preservar este recurso vital.